El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados con barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono, se ven los pisos inferiores y superiores; interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos de
anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos: su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A la izquierda y a la derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades fecales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias (...) A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de tamaño uniforme, cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro, esas letras nos indican o prefiguran lo que dirán las páginas. Sé que esa interconexión, alguna vez pareció misteriosa.(...)Hace quinientos años el jefe de un hexágono superior dio con un libro tan confuso como los otros, pero que tenía casi dos hojas de líneas homogéneas. Mostró su hallazgo a un descifrador ambulante, que le dijo que estaba redactado en portugués; otros le dijeron que en yiddish. Antes de un siglo pudo establecerse el idioma: un dialecto samoyedo- lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico. También sedescifró el contenido: nociones de análisis combinatorio, ilustradas por ejemplos de variaciones con repetición ilimitada. Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera le ley fundamental de la Biblioteca. (...)Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aún la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablan (lo sé) de “la Biblioteca febril cuyos azarosos volúmenes corren en incesante albur de cambiarse en otros yconfunden como una divinidad que delira”. Esas palabras, que no sólo denuncian el desorden sino que lo ejemplifican también,notoriamente prueban su gusto pésimo y su desesperada ignorancia. En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un sólo disparate absoluto (...) Hablar es incurrir en tautologías. Esta epístola inútil y palabrera ya existe en uno de los treinta volúmenes de los cinco anaqueles de uno de los incontables hexágonos -y también su refutación.
(Un número n de lenguajes posibles usa el mismo vocabulario; en algunos, el símbolobiblioteca admite la correcta definición ubicua y perdurable sistema de galerías hexagonales, pero biblioteca es pan o pirámide o cualquier 0otra cosa, y las siete palabras que la definentienen otro valor. Tú, que me lees, estás seguro de
entender mi lenguaje?)” Amén!
(LA BIBLIOTECA DE BABEL, Jorge Luis Borges)
