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El rumbo de las humanidades (Un texto para reflexionar sobre la idea de las humanidads en pleno siglo XX:) Por Francisco Román Hernández, de Reporte Fénix, México
A lo largo de la historia universal, las humanidades han ido formando parte de la conciencia reflexiva, la educación, los valores, la creatividad y la transmisión de los conocimientos. Es decir, la podemos traducir como parte de las ciencias que han constituido uno de los pilares en el desarrollo de las sociedades humanas. Las ciencias a las que hago referencia son la Filosofía, la Historia, la Literatura y la Ética; por supuesto desde una perspectiva incluyente frente a las artes y otras expresiones culturales como las religiones o las formas de gobierno.
Las humanidades como disciplinas aparecieron entre los griegos, enseñándolas desde una perspectiva de artes liberales. Fue con el romano Cicerón el principio del concepto humano. Tiempos después, desde el medioevo el sentido de esas artes liberales referían a los textos que surgían y provenían de los seres humanos y no a los conocimientos míticos o divinos. En la modernidad vino el nacimiento de las humanidades como un movimiento que agrupaba a las ciencias encargadas del conocimiento, la reflexión y especulación humanas cuyo enfoque se centraba en el perfeccionamiento del estudiante y su sociedad.
Hasta el tercer cuarto del siglo XX, las humanidades parecían haber complementado la formación educativa del sujeto, realizando así, la tarea virtual de mejorar la función social de los grupos humanos dentro del progreso materialista. A eso sumemos el debate profundo que se libraba entre la importancia de las ciencias humanas frente a las ciencias puras o exactas, relegándose paulatinamente ante el triunfo de estas últimas.
Si bien este breve recuento de la presencia de las humanidades en el desarrollo de las civilizaciones intenta reivindicar el papel que han desempeñado a lo largo del tiempo, también tiene como objetivo poner en la mira de los lectores, el rumbo que han tenido como instrumento necesario en la formación humanista de las sociedades. Han sido necesarias para complementar la instrucción de los individuos y sus colectividades. No siempre han sido incluidas como parte consciente de la preparación académica, pues han respondido a distintos intereses. Pero podemos suponer que desde las primeras escuelas, academias y universidades han estado presentes en la preparación del estudiante.
Debido al papel primordial de las humanidades en la sociedad, para las ciencias y el desarrollo de la cultura, ahora es asombroso el sitio en el que se les coloca, al grado de verlas como una medida vacía y estorbosa en la educación actual, en medio de preocupaciones tecnócratas y laborales. El estudiante contemporáneo no necesita (dicen los políticos y empresarios) perderse entre las ciencias humanas, porque no produce, ni crea un plusvalía a la globalización mercantil.
Los modelos educativos en México no habían excluido de forma tajante en su plan de estudios a las humanidades, sino hasta hace poco tiempo. Hablo de un poco más de 7 años en que la SEP comenzaba a eliminar algunos períodos de la Historia de México, reduciéndola a la Colonia y la Época Moderna. Y más recientemente en el 2010 y 2011 el Sistema Nacional de Bachilleratos ha estado promoviendo iniciativas para eliminar las materias de humanidades y dispersarlas entre las Ciencias Sociales.
Nos enfrentamos a una cercana deshumanización de las civilizaciones herederas de la cultura Occidental, y aun cuando escuchamos tal amenaza, parece no preocupar a la mayoría de las personas. ¿Cuáles serían los peligros de tal deshumanización?, ¿qué tipo de costos puede significar en materia educativa y en materia social?
Para humanistas como Fernando Savater los resultados de tal catástrofe serían algo así como la pérdida de identidad intelectual, sería un retroceso gigantesco traducido en la pérdida de la individualidad. En pocas palabras, hablaríamos de un menguante espíritu racionalista, el obscurecimiento del genio creador, el silencio del libertador, la ceguera del progresista y la frialdad de los artistas. Para aquellos que nos dedicamos a alguna de las ramas de las humanidades sería la negación de nuestras profesiones, o la degradación de las aportaciones al conocimiento y pensamiento humano. Una especie de rompimiento del cordón umbilical respecto a las actividades de la educación, investigación e interpretación de la realidad social.
Para las humanidades mismas, sería un reto epistemológico al afrontar un debate más ante su oposición con las ciencias exactas, a las cuales se les considera como las generadoras de los adelantos científicos y tecnológicos que demanda el futuro globalizador. En especial de los individuos dueños del capital, de los mercados y la estructura financiera corporativista que han cautivado las prioridades del mundo contemporáneo.
El enfrentamiento de las ciencias humanas y exactas es más o menos reciente, en realidad no se contraponen por naturaleza, sino que se necesitan, son como las hermanas gemelas que tratan de diferenciarse e identificarse unas de otras. En pocas palabras es necesaria la comunicación entre ellas para el mejor avance de cada una. La ciencia, nos explica Eduardo Nicol, es un conjunto de conocimientos que sirven de herramienta para el desenvolvimiento de la vida diaria, para servirnos del pasado, ordenar nuestro presente, y proyectar mejor el futuro.
La utilidad de las humanidades es clara cuando nos enfocamos en esa complementariedad de las ciencias reflejadas en el éxito intelectual de los individuos y en los beneficios materiales de la cultura. Así la coexistencia entre teoría y práctica no rompería la armonía entre educación y trabajo que demandan las sociedades modernas para salir del atraso espiritual y económico en el que se encuentran estancadas.
En este sentido, es importante hacer notar a quienes reforman y regulan nuestros sistemas educativos la pertinencia de mantener las humanidades como parte de los planes de estudio de los niveles medio superior y mantener así el equilibrio en los conocimientos de los jóvenes en la actualidad.

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