H & CCSS


PAPEL DE LAS HUMANIDADES Y DE LAS CIENCIAS SOCIALES EN 
PLANES DE DESARROLLO


1.1 La Universidad hacia el futuro. Francisco Arroyo.
1.2 La educación como eje para el desarrollo en el contexto de los Cambios Políticos Neoliberales
1.3 Papel de las humanidades y de las ciencias sociales en planes de desarrollo. Luis Camacho.
1.4 Epistemología y ética en las ciencias sociales; a propósito de Gramsci. Ángel Ruiz Zúñiga

RESUMEN

En este artículo se hace un análisis de algunas posiciones sobre las nociones de "humanidades"y "ciencia social", en diálogo con la evolución de los planteamientos acerca del desarrollo social y nacional.

1. Desde que Walt Uostow publicó en 1960 su obra The Stages of Economic Growth (Las etapas del crecimiento económico) [2] la discusión sobre la conexión entre ciencia y desarrollo - ya señalada antes por algunos autores como Robert Solovv- se intensificó tanto en las discusiones teóricas como en los planes con que los gobiernos del Tercer Mundo han intentado superar la condición llamada subdesarrollo, y también en los programas de ayuda internacional de gobiernos y organismos. La primera etapa analizada por Rostov/ es la de la sociedad tradicional, donde la productividad es muy baja y la proporción de la población que trabaja en faenas agrícolas en el campo es muy alta. La diferencia entre la sociedad tradicional y la moderna se puede resumir en una frase: " la aceptación de los frutos de la ciencia post- newtoniana" [3] . Para Rostow, el comienzo del proceso es la apertura de las mentes a la ciencia moderna que empieza en el siglo XVII. lis justamente la aplicación de la ciencia lo que permite el incremento de la productividad, aunque más parece que Roslow está hablando de la tecnología. Este elemento, junto con la introducción del interés compuesto en la economía, es condición necesaria que a veces parece suficiente para iniciar el proceso que pasará luego por la etapa de despegue, la de diversificación de la economía, y la de consumo masivo. Rostow consideró que sus etapas no son solamente la descripción del proceso que tuvo lugar históricamente en Inglaterra en forma endógena durante la Revolución Industrial, sino que tienen también carácter normativo: si una nación va a desarrollarse necesariamente debe seguir ese proceso con esas etapas y no otras.

2. Enseguida nos damos cuenta de que el esquema de Rostow tiene varias consecuencias lógicas interesantes:

(a) La seguridad social viene al final del proceso, no al comienzo. Los gobiernos sólo pueden gastar en salud, educación, pensio
nes, seguro de desempleo, etc., cuando ya hay prosperidad económica, a la que se llega después de un largo proceso durante el cual la población está desprotegida. Rostow explícitamente afirma lo anterior [4]. y refuerza su argumentación aludiendo a la historia, a lo ocurrido en las naciones que en 1960 podían considerarse desarrolladas.

(b) Una segunda consecuencia -implícita- nos interesa aquí. Si lo que aumenta la productividad en la visión de Rostow es la aplicación de la ciencia mediante la tecnología, las ciencias sociales no parecen jugar ningún papel en el proceso, con la única posible excepción de la economía, cuya función en todo caso sería la de describir el proceso y dictar las normas a seguir. Más aún: en la medida en que algunas disciplinas consumen escasos recursos y no contribuyen al aumento en la productividad, pueden ser más bien un obstáculo para el crecimiento económico. Esto último Rostow no lo dice, pero podría desprenderse de sus posiciones. Las ciencias sociales no engendran tecnologías aplicables al aparato productivo y, por tanto, no forman parte del esquema conceptual invocado por los planes de desarrollo nacionales inspirados en la obra de Rostow. En cuanto a las humanidades, su posición respecto al crecimiento económico parece tan remota que ni siquiera se plantea el problema en esa discusión.
3. Hoy sabemos que el esquema de Rostow no funcionó, aunque también sabemos que en los últimos años se ha vuelto a la concepción del desarrollo como mero crecimiento económico, al modelo llamado "de colador" por postular que el crecimiento se cuela de arriba hacia abajo y beneficia en último termino a todos. Justamente la obra de Rostow se considera la mejor exposición de dicho modelo. Nos encontramos, pues, ante una situación paradójica: sabemos que las ideas sencillas de los años sesentas no tuvieron éxito, pero al mismo tiempo nos damos cuenta de que la principal de ellas, a saber, la idea misma de desarrollo corno crecimiento, está de vuelta. Al tratar de explicar esta situación encontramos de hecho cuál puede ser el papel de las ciencias sociales en el desarrollo, por lo menos en la medida en que es fácil encontrar posiciones que las rechazan, y que al analizarlas nos orientan en cuanto a lo que sería su presencia. Pero antes debemos preguntarnos acerca del papel de las humanidades, y tratar de definir lo que entendemos por ciencias sociales. Lo primero nos llevará a un análisis apasionado de concepciones que considero criticables; lo segundo -menos controversial- nos permitirá introducir una opinión personal.
4. "Humanidades" puede entenderse de varias maneras, algunas peores que otras. Quizá la peor interpretación es la que identifica o relaciona íntimamente "humanidades" con "humanismo" y considera que hay varios humanismos, a saber el cristiano, el marxista, el existen-cialista, etc. En la dispersión se pierde la esencia, y además se olvida así convenientemente -por pereza mental o por ignorancia- que el humanismo nació justamente en autores como Vives o Erasmo como una reacción contra personajes muy poco tolerantes y que no dudaron en justificar la violencia en nombre de la caridad, al estilo de Lutero o Loyola. Los humanistas fueron perseguidos por las distintas ortodoxias, como lo serán más tarde otros autores anti-totalilarios por los regímenes que se llamaron y quizá aun se llaman a sí mismos marxistas. Proclamar que el cristianismo y el marxismo son formas de humanismo es simplemente ignorar la historia tanto del humanismo entendido históricamente como del cristianismo y el marxismo institucionalizados. Sin duda dentro del cristianismo y del marxismo ha habido elementos de humanismo, gracias a que previamente se dio ese movimiento en sentido estricto. Pero aplicar dicho término a ambos movimientos tal como éstos se han dado en la historia es una manera conveniente de olvidar las víctimas de la Inquisición y de la colectivización forzada, entre otras muchas. Víctimas cuyo único delito fue no caber dentro de un dogma. Un concepto debe ayudarnos a pensar, no a ocultar la realidad. Bautizar de humanismo a corrientes enteras indiferenciada-mente, y que engloban dentro de esa indiferenciación aspectos institucionales que han sido muy opresivos, equivale a renunciar al análisis de la realidad. Justamente este abuso del término lo ha hecho perder significado preciso en nuestros días, con lo cual de nada sirve utilizarlo para clarificar la noción de humanidades. Así pues, cualquier intento de definir "humanidades" por referencia a "humanismo" debe ser visto de antemano como sospechoso si no hay de por medio un análisis muy cuidadoso de este último.
A veces "humanidades" se entiende en un sentido puramente administrativo, como el área de artes y letras. Una formación en humanidades es entonces aquella que se supone desarrolla la capacidad estética de los individuos. Si dentro de las "letras" incluimos la filosofía -algo que no siempre es bien visto, y que en todo caso no corresponde a la clasificación de la UNESCO, donde la filosofía se convierte en ciencia social- entonces la formación en humanidades desarrolla asimismo la capacidad ética y lógica de las personas, y proporciona una habilidad crítica que se manifiesta en filosofía social y política.
Pero también hay una tercera manera de entender el termino, y es la que nos interesa aquí. Se refiere entonces a la concepción según la
cual no existe universidad allí donde no se analizan los aspectos éticos, lógicos, epistemológicos, históricos y políticos de cualquier disciplina, y donde no se lucha por la creación de belleza y la defensa de la justicia. Sin esos aspectos la institución de enseñanza superior puede ser un excelente instituto vocacional o profesional, pero no una universidad. Así vista, una institución sin humanidades no sería una universidad. Por otra parte, si se concibe el estudio de dichos aspectos como una parte integral de la docencia e investigación en cada disciplina -química, biología, ingeniería, elc.-entonces se pueden hacer humanidades en cualquier facultad, y tanto mejor si se hace en todas. Más allá del sentido puramente administrativo, este otro sentido de "humanidades" es mucho más rico y apunta hacia la esencia misma de la universidad, y hacia un estilo de formación para el ejercicio de un oficio o profesión. En vez de formar "recursos humanos" -frase denigrante si las hay- se formarían personas.
Y puesto que hemos relacionado tanto las humanidades como las ciencias sociales con el quehacer universitario, conviene entonces distinguir dos aspectos de dicho quehacer que con frecuencia se encuentran en tensión y que no pueden reducirse el uno al otro: la administración de carreras y el fomento del conocimiento. El primer aspecto introduce limitaciones al trabajo universitario: hablamos de cupos y cuotas, demanda y oferta, etc. Si vemos la universidad, por otra parte, como la institución dedicada a conservar y fomentar el conocimiento y la belleza, y promover la justicia, entonces no hay límites: cuanto mayor sea el número de personas beneficiadas, tanto mejor. La relación entre ambos aspectos la podemos ver en la siguiente consideración: si bien no todos pueden ganarse la vida como historiadores, todos se benefician con un conocimiento de la historia para el cual no hay límites. Y lo mismo dígase de cualquier otra disciplina cultivada en la universidad.
5. Por "ciencias sociales" entendemos aquellas ciencias en las que el conocimiento del objeto puede afectar la conducta de éste, de manera que la verificación o falsación de sus proposiciones se vuelve compleja y por niveles" [5]. Esta particular interrelación entre el conocedor y lo conocido se da ciertamente en psicología y antropología, en economía y sociología, en historia y quizá en lingüística. Debido a esta característica, en estas ciencias se da lo que se suele conocer como la predicción que se auto- realiza o se auto-anula, es decir, el tipo de proposición cuyo valor veritativo cambia por el hecho de ser enunciada y convertirse en objeto de creencia por parte del sujeto. El objeto de las ciencias sociales es el sujeto humano que se caracteriza por conocer, de modo que el conocimiento se encuentra en los dos aspectos de estas ciencias: conocimiento del que estudia y del estudiado. Esto plantea problemas especiales de verificación y refutación, en los que no entraremos aquí.
Hay una tendencia a eliminar el aspecto social de las ciencias sociales y convertirlas en ciencias naturales cuyo objeto es la sociedad, entendida ésta en un mismo plano que cualquier otra entidad. Así, la psicología se Convierte en instrumento de manipulación; la economía llega a ser la justificación de un orden dado que se supone esencial ("natural"; cualquier otro se califica de antinatural), y la combinación de las diversas ciencias sociales adquiere la forma concreta de la ingeniería social, como mecanismo para diseñar una sociedad que funcione según parámetros de racionalidad instrumental. Así concebidas, las ciencias sociales tienen ciertamente un papel que cumplir en proyectos de desarrollo, a saber, el papel subordinado e instrumental de justificar lo que se hace en nombre de otras disciplinas, y que no se somete a análisis. Dado un plan de desarrollo previo, se prevé un papel instrumental para las humanidades y ciencias sociales cuando se vuelven justificaciones de lo dado. Pero si la única función es apologética, entonces poca es la diferencia entre la existencia o no existencia de las ciencias sociales y las humanidades dentro de un proyecto de desarrollo. Sólo si se trata de contrarrestar a quien se opone tendría algún sentido hacer apologías: en ausencia de oposición a los proyectos de crecimiento económico la función de las ciencias sociales y de las humanidades se vuelve vacía. A propósito, preciso es señalar que la misma suerte parecen correr otras ciencias cuya aplicación al incremento de la productividad no es clara: buena parte de las matemáticas, mucho de las ciencias básicas, prácticamente toda la astronomía, etc.
6. Para argumentar a contrario sensu, empecemos por suponer un orden social en el que no se prevea ningún papel para las humanidades y las ciencias sociales en los planes de desarrollo. Habría más de una manera en que esto pueda darse, pero quizá sea el tecnocratismo una de las formas más acabadas de plantearse esta exclusión. Así, la noción vulgar de desarrollo como simple crecimiento económico tiene un poderoso aliado en una manera de concebir la tecnología que llamaremos, a falta de un nombre, tecnocratismo. Autores de lengua inglesa como Manfred Stanley lo llaman "technicism" [6]. El tecnocratismo empieza por encontrar en la tecnología su propia justificación, sin atender criterios de otra índole. De ahí que los objetos tecnológicos se conciban entonces como dotados de autonomía respecto del individuo y de la sociedad, y se les atribuye un modo de ser irreducible a otros modos de ser. Estos objetos se suceden unos a otros de modo que los objetos tecnológicos más complejos sustituyen a los anteriores en un proceso automático tal que lo último es por definición lo mejor: una máquina más avanzada es mejor que otra menos avanzada repecto de la función que desempeña, cualquiera que sea el contexto social en que opera. La posibilidad tecnológica de hacer algo se convierte en la mejor justificación para hacerlo: la posibildad de construir una bomba más destructiva que la anterior basta para justificar su construcción, y una vez hecha su simple existencia justifica el usarla (de otro modo, ¿cómo justificar la inversión?). La fetichización de la mercancía, analizada por Marx, adquiere en nuestros días características grotescas: se habla de las computadoras como seres inteligentes mientras el obrero con frecuencia se convierte en pieza no pensante de un proceso automático y se supone que debemos acostumbramos a la idea de que estamos rodeados por seres artificiales inteligentes en el mismo sentido en que nosotros lo somos, justamente cuando ni siquiera se ha encontrado una explicación satisfactoria a la diferencia entre el actuar consciente y el inconsciente -dos tipos de actuación distinguibles en el ser humano, pero no identificables en las máquinas. En vez de personas, se habla ahora de "recursos humanos" cuantificables dentro de la administración, y no se ve más allá de esa función.
El tecnócrata se convierte en juez de cualquier asunto relacionado con la tecnología puesto que la posibilidad o imposibilidad tecnológica de una acción, a juicio del experto, se convierte en el factor que decide. Incluso se ha llegado a justificar las atrocidades de un régimen político determinado, y a evadir la responsabilidad individual, a partir de supuestas leyes internas del desarrollo tecnológico. En lo que Popper llama "historicismo" [7]., es decir, la creencia de que hay leyes inexorables en la historia cuyo conocimiento hemos alcanzado de manera que podemos planificar el futuro, encontramos otra variante de lo anterior: la responsabilidad individual se evade aludiendo a leyes objetivas. Stalin pudo invocar el carácter científico del marxismo mientras condenaba a muerte por hambre a los campesinos que se oponían a la colectivización.
Combatir el tecnocratismo es una de las tareas de las humanidades y de las ciencias sociales, pero ciertamente no es la única.
7. Señalamos, pues, otras tareas de las humanidades y de las ciencias sociales en el desarrollo:
(1) Se debe analizar la noción misma de desarrollo : mientras se habla de desarrollo en ¡numerables documentos de todo tipo, muy rara vez se han hecho análisis satisfactorios de esta noción. Lo que se entiende por desarrollo no siempre está explícito, y hacerlo patente es muy importante. Lo que se debe entender por desarrollo, y lo que es preciso rechazar como seudo-desarrollo o antidesarrollo no siempre se señala, entre otras cosas por la carencia de nociones éticas.
(2) Es preciso criticar las nociones equivocadas de desarrollo, en particular la idea de desarrollo como crecimiento económico ahora de nuevo en boga posiblemente por la presión de pagar la deuda externa. ¿Puede llamarse desarrollo un cambio social que beneficia a unos pocos y deja a los pobres más pobres que antes? Es muy conveniente para los poderosos llamar "desarrollo" a lo que les beneficia, pues así "venden" la idea a las víctimas del proceso.
(3) Se debe promover la creación de cultura como dignidad nacional e insistir en regresar a las diferencias culturales como marco de toma de decisiones y como ambiente de la vida cotidiana, con la consiguiente concepción de la tecnología como algo que debe adaptarse a la cultura y volverse apropiada. En cuanto a lo primero, resulta muy lógico que una de las tareas prioritarias en procesos revolucionarios haya sido la recuperación de la dignidad nacional mediante la valoración positiva de lo propio y el rechazo de modas ajenas alienantes. En este proceso "cultura" se convierte en sinónimo de dignidad frente a la humillación y desprecio anteriores, lo que lleva a que la historia misma del país se vea de otra manera. Que las humanidades y ciencias sociales puedan contribuir poderosamente a este proceso es algo que no discutiremos, pues nos parece obvio. Si bien los artistas y científicos sociales podrían dedicarse a justificar la opresión -y a veces así ha ocurrido- sería muy difícil recuperar el patrimonio artístico y forjar una nueva sociedad sin la coloboración de esos mismos actores trasformados en agentes de cambio social. En cuanto al segundo aspecto de la reacción mencionada, la vuelta al énfasis en las diferencias culturales es un retorno a las condiciones diferenciadas que exigen tecnologías también diferenciadas, es decir apropiadas para sus usuarios en sus circunstancias. Aquí podemos volver a Rostow: las humanidades y las ciencias sociales no parecen engendrar de forma inmediata tecnologías que, al aumentar la productividad, hagan que un país o región pase de la primera a la segunda etapa. Sin embargo, hay algo muy importante que pueden hacer: detectar las tecnologías inapropiadas, las que ciertamente aumentarán la productividad pero a costa del equilibrio ecológico y social. Esta posibilidad no fue contemplada por Rostow, tal vez porque en 1960 la superpoblación y el consiguiente deterioro ecológico aun no eran un problema.
8. El papel de las humanidades y de las ciencias sociales según la Ley de Promoción del Desarrollo Científico y Tecnológico de Costa Rica.
El 1 de agosto de 1990 el Presidente de Costa Rica promulgó la Ley No. 7169, cuyo objetivo es
"facilitar la investigación científica y la innovación tecnológica que conduzcan a un mayor avance económico y social en el marco de una estrategia de desarrollo sostenido integral, con el propósito de conservar para las futuras generaciones, los recursos naturales del país y garantizarle al costarricense una mejor calidad de vida y bienestar, así como un mejor conocimiento de sí mismo y de la sociedad" (Art.1)
Esta redacción, mucho mejor que en las versiones previas, no excluye las ciencias sociales ni las humanidades; la noción de "calidad de vida" permite introducir las últimas mientras la referencia a un mejor conocimiento de la sociedad da cabida a las primeras. Explícitamente el inciso i) del artículo 3 establece entre los objetivos específicos para el desarrollo científico y tecnológico:
i) "Fomentar y apoyar las investigaciones éticas, jurídicas, económicas y científico-sociales, en general, que tiendan a mejorar la comprensión de las relaciones entre la ciencia, la tecnología y la sociedad, así como del régimen jurídico aplicable en este campo. Todo esto con el fin de hacer más dinámico el papel de la ciencia y la tecnología en la cultura y en el bienestar social." Ahora bien ¿cómo lograr lo anterior? La respuesta la podemos dar indirectamente, señalando más bien algunas opiniones que excluirían el papel indicado en la Ley. Por contraste, una posible función de las humanidades y ciencias sociales se empezarían a perfilar vagamente:
(a) Algunos dicen que bastarían unos pocos graduados en humanidades y ciencias sociales, y que tanto la docencia e investigación en esos campos debe ser muy limitada para no restar recursos a otras tareas. Esta manera de pensar olvida la distinción hecha entre administrar carreras y fomentar el conocimiento. Sin lo segundo la enseñanza superior no es universitaria, y la sociedad no sería auto-consciente.
(b) No faltarán quienes arguyan que el desarrollo se empezó a dar en Inglaterra cuando no había ciencias sociales en los planes de estudio de las universidades. Cierto, pero en esta objeción desarrollo se hace idéntico con industrialización -una identificación muy cuestionable. Quien objeta de esta manera olvida que la industrialización fue endógena en Inglaterra pero exóge-na en el resto de las naciones, como señala Rostow. Entender esta diferencia es importante para la supervivencia de la especie humana, y es tarea de las ciencias sociales.

CONCLUSIÓN

La comprensión misma del fenómeno llamado subdesarrollo exige el cultivo de las ciencias sociales, y no hay auténtico desarrollo sin humanidades. No podemos establecer una receta de cómo deberían operar unas y otras en la tarea nencionada, pero podemos afirmar que sin unas u otras no alcanzaremos el desarrollo.

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